Salí de viaje. Anímate.

Momento de extrañar.

Escrito por andatedeviaje 09-06-2018 en amor. Comentarios (0)

Yo, a vos, no te conocía. Directamente, simple y sencillo. No te conocía, y cuando llego el momento de retirarme, tan solo habían pasado meses de conocernos. No fue una historia de años, tampoco estuvo cargada con hijos. Fueron cinco meses, y sin embargo, siento que conviví con vos por años. Que no me equivoque cuando dije que te conocía de otra vida. ¿Y qué habremos sido en otra vida? ¿Habremos sido madre e hijo? ¿Buenos amigos, tal vez? ¿Una pareja feliz, o una pareja infeliz? Ya van meses desde que no te veo, que no sé donde estas, ni como estas. Si estás bien, o si estás mal, ni siquiera sé si estas viva. Hasta ese punto, desconozco sobre tu paradero. Por un momento, llegue a pensar que las cosas deberían haber sido de otra manera. Que en el día treinta y uno, debí haberme retirado dejando la puerta de nuestra relación abierta. Luego pensé, que en el día ciento dos, hubiera sido conveniente agarrar mis cosas e irme. Retirarme, afrontando mis errores, y dejándote cargando los tuyos junto a tu buena merced. Así por decantación me vi en los últimos días de nuestra relación, en los últimos peldaños de una escalera que conduciría a un pasillo de dolor y desencanto indefinido. Al recordarme en esa situación, considere que lo más apropiado hubiese sido retirarme en esos instantes, darte un beso de despedida y alejarme, cargando mis cosas o sin ellas, dejándote con el corazón a duras penas lastimado, con la oportunidad de respirar aire fresco renovado y evitando todo este mal estar pesado. Y así pasan mis días, últimamente. Recordando los momentos que hubiesen sido propicios para retirarme, recordando el o los errores que causaron tanto dolor. Me veo frente al espejo y ya no me reconozco, y mi propio ego expulsa gorgojos desde las entrañas a causa de tanta pudrición interna. Luego pongo en duda si lo que hice fue realmente tan grave, como para intentar socavar tanto dolor, en esos momentos que mi propia idiotez pone en cuestionamiento mi sensatez, dudo. ¿Cómo puedo dudar, de algo que vos misma expresaste, y yo admití? ¿De dónde proviene tanto dolor, si lo que hice no fue realmente tan grave? ¿Acaso este vomito que experimento, no es producto de querer sacarte de mi cuerpo y de mi mente? Todo esto fue, es, y será tan grave como lo planteaste. Abuse de vos, y si bien tus palabras no fueron expresadas en persona, un mensaje por vía telefónica bastó. ¿Es qué acaso merezco perdón? Jamás. Debí haber muerto esa madrugada que me detestaste.

El abuso no tiene porque ser como lo creí hasta hace poco tiempo. La insistencia repetitiva, el desear por demás un cuerpo, el desencanto frente a los métodos anticonceptivos y el rechazo a la negación, también son abusos cuando se habla de amor libre. Es que por momentos, recuerdo que queríamos tener hijos. Que habíamos charlado seriamente de irnos a vivir juntos, te imaginaba abrazando un niño o una niña entre tus brazos, nos veía juntos por tanto tiempo. Luego recuerdo tu consentimiento al no usar preservativos, recuerdo tus frases en mi oído esa noche en Humahuaca antes de separarnos, y recuerdo tus gestos de horror y desencanto cuando no llegaba tu menstruación. Recuerdo tu firme decisión de no querer tener un niño, y recuerdo muy firmemente mi insistencia de mantener relaciones sin cuidados. Eso, es abuso. Por momentos, intento perdonarme o decirme que no fue tan grave, y siempre algo me recuerda que estoy equivocado. Hoy, por ejemplo, termine de leer un libro. Mientras lo iba leyendo, el protagonista tenía razón de enojarse con su novia por desconocerlo, por faltarle el respeto, por cerrarle todas las puertas de su casa, y yo me sentía tan identificado. Pensaba a mis adentros que no era la única persona que había cometido un error, que inclusive en esta historia con tintes misóginos había algo de lógica, un pobre intento de excusarme utilizando el ya vago discurso de haber sido criado en una sociedad patriarcal. Cuando iba llegando al final, comencé a entender que si el protagonista podía irse en su moto tranquilamente luego de haber maltratado a su compañera, de alguna manera yo también podía hacerlo. Fue en ese momento que el autor me recordó lo equivocado que estaba. Al protagonista lo mataron con un cartucho de caza en un bosque. Yo, hubiese merecido lo mismo, en un monte.


Hoy escribo.

Escrito por andatedeviaje 09-06-2018 en Viaje. Comentarios (0)

Hoy redacto desde la seguridad de mi habitación. Sí… creo que es mía. Si puedo decir que algo me pertenece, o no, sinceramente no lo sé. Ya pasé mucho tiempo acá. Hoy redacto, y por esta habitación también pasaron familiares, por esta casa y por este barrio pasaron familiares. A su vez han pasado amigos, conocidos, y lejanos que ya desconozco donde se encuentran. El lugar desde el cual redacto, es mi habitación. Por la ventana, puedo ver el cielo nocturno nublado, y entre medio de las nubes veo una luna casi llena, que me hace recordar las noches de soberana lejanía. Es en este preciso instante, que redacto con miedo. Me encuentro con miedo, mejor dicho. Y me encuentro con un miedo que ya conozco, porque ya he cometido estos errores, ya los he vivido. Es el miedo a desconocer que me depara el futuro, y creer que en la seguridad de lo que me estipula la sociedad, está mi felicidad.

¿Va de vuelta?

Estoy sentado en mi pieza, a oscuras. Detrás de mí hay un colchón, y en él se recuestan Mora e Indio, dos perros hermosos que he visto crecer. Por la ventana de mi habitación, veo el cielo nocturno nublado, y entre las nubes la luna casi llena se asoma con su luz.  Estoy re cagado. Quiero salir de viaje, y me da mucho temor esta vez, y esta vez va en serio. Anteriormente, pude salir creyendo que al volver todo seguiría igual. Que la Universidad iba a estar ahí, que la firmeza de tener un trabajo estable iba a continuar, pero no. Me preocupa mi futuro, y no pienso en mi presente, ni siquiera me preocupo por él. No estoy trabajando, ni siquiera estoy estudiando, ya sea un curso de marroquinería o electricidad. Pasan mis días aburridos, sin saber qué hacer, creyendo que internándome en el semáforo voy a ganar algo. El mismo debiera ser para mí una herramienta de viaje, no un sustento económico permanente. Me preocupa pensar donde me quede, a donde quiero llegar. ¡BASTA DE MIEDOS! Quiero arrancar ahora mismo, quiero salir a viajar. No sé si es complicado o yo lo complico más. Quiero una carpa, y arrancar. Aunque sinceramente me da mucho pudor, o pena, el pensar en las posibilidades de expansión que hay en la ciudad. Estudiar me gusta, y me he dado cuenta de eso. Tal vez ahora no sea el momento, y eso me aterra. Me aterra la posibilidad de no poder estudiar, de perder hoy la oportunidad, y arrepentirme el día de mañana.

Ya basta de espamento, ¡por favor! Toma una decisión, mantenela, y se consecuente. 


Hoy decido.

Escrito por andatedeviaje 09-06-2018 en Viaje. Comentarios (0)

Sí hay mucho que decir, lo diré. Y si inclusive no lo hubiese, la redacción no podría detenerse.

Pasé más de cien noches pensando en vos, si quiera antes de conocerte. Sabía lo que tu presencia iba a producir en mi cuerpo. Sabía que al verte caminar iba a darme un terremoto dérmico entre los omoplatos y las lumbares. Algunos lo llaman mariposas en el estómago. Sabía que te iba a encontrar en el preciso instante que no te buscase. E inclusive, sabía que te iba a conocer en el momento que más a gusto, y más contento me sintiese conmigo mismo. ¿Vos crees en el destino, en la suerte? ¿Crees en las coincidencias, en las casualidades?

Las madrugadas que pase junto a vos fueron, son y serán irreemplazables. La lectura de cuentos con esa voz dulce y calma que tanto te caracterizo, no tendrá perdida en mi memoria. El saberte contenta estando a mi lado, deja huellas más fuertes de lo que cualquiera pudo haber dejado. Tu mirada, tu respiración, tu simple compañía. Las formas adquiridas en cada momento que pasamos juntos, son dignas de ser guardadas en mí cajón de recuerdos.

Al momento que el alba confluía, tu despertar de todas las mañanas supo hacerse querer. El maté podía estar caliente o tibio, lavado o recién cebado… lo que lo hacía rico, era saber que lo compartía con vos.  Hoy puedo decir sin asegurar, que la confianza en los horarios matutinos es en donde mejor se hace notar. Hubo situaciones que no fueron de las mejores. Vi tus facciones demacradas cuando las dudas y las inseguridades comenzaron a despertar. En todo momento mi corazón pidió seguir. Sentía que ese era mi momento, que yo debía estar firmemente en ese lugar. Si, en ese lugar… junto a vos.

Los mediodías y las tardes fueron una tras otra, dignas de enmarcar en un cuadro. ¿Exagero? Desde mi punto de vista, son uno de los mejores recuerdos que llevo. Cuando el anochecer comenzaba, me ponía contento saber que una vez más ibas a estar a mi lado. Dejaba un claro signo de buenaventura el saber que una vez más, yo iba a estar a tu lado. ¿Me estoy alargando de más? ¿O estoy siendo demasiado melodramático?

Hoy, llegan las noches. Vos, ya no estás más a mi lado. El frío se siente más crudo en la seguridad y en la comodidad de mi cama tenue y solitaria de habitación citadina, que perdido en el medio del monte junto a tu compañía. Me he sentido mas de cien noches como un naufrago varado en Buenos Aires, sin saber cómo se encuentra su amada. Noche tras noche, le pedí a las estrellas que te cuiden. A la noche ciento uno, recordé.

Recordé demasiado. Recordé mis ilusiones, también mis seguridades. Recordé el primer día que te vi, y el primer beso que nos dimos. Esa noche, recordé tus besos y tus insultos. Así mismo, tus caricias y tus menosprecios. Recordé el dolor, y sobre todo, recordé el amor.

A la noche ciento uno, recordé que yo no era un naufrago y vos no eras mi amada. Fue esa noche cuando yo te solté… vos ya me habías soltado hacía rato. A la noche ciento uno, decidí que yo no te cuidaba más, recordé que vos podías cuidarte sola. Recordé algo muy cursi; me dejo en paz el saberlo. Cada día y cada noche que transcurrimos juntos, tejí un mapa que guía hacia mi corazón. Antes de irme, te lo regalé. Si vos sos mi amada, y yo realmente soy ese naufrago, solo tenés que seguir las indicaciones.

… cambié de página, y casi que cierro el libro. Justo antes de cerrarlo sonreí. Me alegro saber que vos no caminas sola. Ahora, te acompañan mis mejores estrellas.


Oda a mi madre (Y lo lamento).

Escrito por andatedeviaje 18-05-2018 en Poesía. Comentarios (0)

Madre.

Tú, que me has visto crecer

Que me has cargado

Desde antes de saber

Lo que estaba mal,

O lo que estaba bien.

Tú, que siempre me has amado

Y siempre te has jactado

De haberte entregado

Al trabajo, casi esclavo,

Aunque siempre con un motivo claro.

El que nada nos faltara,

Ni a mí, ni a mi hermano.

Hoy, que mis palabras no alcanzan

Para agradecer ni complacer

Lo que tú esperas de mi crecer.

Hoy que me observas

Y veo en tu cara expresiones de desasosiego

De esperpento y maleficios,

Hoy te digo que ya no te quiero.

Que lo lamento, pero no te quiero.

Que si tú eliges este camino,

En donde eres una cierva,

En donde eres esclava de un querer,

En donde prefieres correr, y esconderte

De todo lo que el mundo tiene para ofrecerte.

Pues bueno, entonces te lo afirmo,

Yo ya no te quiero.

Me has dado hasta lo que no te he pedido,

Y me lo has echado en cara,

Una vez tras otra.

Me has dado la vida, y yo no te la he pedido.

Me has dado comida, y yo no te he obligado.

Siempre ha salido de tu corazón,

De otra manera, no hay explicación.

Y hoy, que el miedo te ha corrompido,

Que tu salud se encuentra desgastada,

Qué prefieres ser vil y malvada,

Antes que bondadosa y buen humorada.

Pues te lo digo, entonces,

Yo ya no te quiero.

Te he repetido en más de una ocasión,

Que ese hombre que esta a tu lado no es bueno,

Y una vez tras otra, me has ignorado,

Me has insultado, y me has menos preciado.

A mi hermano, a tu propio hijo,

Lo jactas de ser una larva, y lo acusas de estar loco.

Cuando te ha confirmado con sus lágrimas,

El saberse desesperado,

Por desconocer cómo hacer,

Para echar de su lado,

A ese hombre que tu decidiste meter.

Has visto como tu padre se moría,

Y has decidido tu presencia alejada de él.

Has preferido refugiarte en los brazos de un hombre,

El cual quería ver morir a tu propio padre.

Y yo, sin lamentos, hoy decido.

Ya no te quiero.

¿Tú eres feliz asolando mi desarrollo?

¿Insultando y menos preciando cada acto cometido?

Me has solicitado optimismo,

Cuando tú eres la primera que cometes parricidio.

Por cada insulto que proviene de tu voz,

Yo me muero por dentro.

En donde debería ver una especie de fulgor,

Veo un claro dejo de miedo y estupor.

Me has visto crecer,

Me has visto desarrollar mis capacidades,

Me has visto comunicarme, y expresarme,

Me has visto crear,

Me has visto innovar,

Me has visto buscar,

Y lo más importante de todo,

Me has visto amar.

Y sin embargo, tú me prefieres bajo,

Me prefieres feo, amargado,

Me prefieres sucio y desalineado,

Y así me presentas.

Como tu hijo, la larva que te ha succionado,

Quien te ha robado los mejores años de vida,

Quien se ha empeñado en hacerte infeliz,

Quien ha causado todos tus malestares.

Pues bien, ¿sabes qué?

Yo ya no te quiero.

Hoy que ves tu vida deshojada,

Y ya no te quedan dejos de buenaventura,

Hoy que has desperdiciado todas tus energías,

Malgastadas en sueños inconclusos,

En miedos que dejaste concretar,

Hoy me echas la culpa a mí.

Pues bien, déjame decirte algo,

Estoy aquí para ayudarte,

Y sin embargo tú eliges atacarme,

Porque crees que yo soy el culpable,

Que de mí se desprenden todas tus malas rachas.

Te has alejado de todos tus hermanos,

Has visto como se moría tu padre y no has obrado,

Hablas mal de toda tu familia, los deshonras,

Y lo que es aún, no los perdonas,

Ni te perdonas a vos.

Pues bien, ¿sabes qué?

Yo no cargo, ni quiero cargar con eso,

Mi linaje es noble, y honrado,

Se han cometido faltas, y malos actos,

Yo elijo aprender y modificar,

No cerrarme y maltratar.

Te invito a que continúes así,

Sin saber qué hacer,

Pensando que la culpa es mía,

Cuando te des cuenta y quieras charlar,

Estaré aquí esperando.

Mientras tanto, te dejo sola.

Con tu mal estar, y con tu insignificancia,

Con tu desistir frente a la vida, con tus caras afligidas,

Con tus miedos y tus deshonras,

Con tus odios y tus broncas,

Con tu casa que tanto adoras,

Aquí este hombre, ya no mora.

Me retiro triste, y dolido,

Sabiendo que pierdo a la persona,

Con la que mejor me ha ido,

Pero de esta no hay escapatoria,

Si tú no quieres escapar.

Y mientras tú más eliges continuar,

Así, triste y afligida,

Más me hundes a mí,

Hacia la oscuridad.

Te regalo mi perdón de antemano,

Si es que lo quieres.

Te ofrezco mil soles, y mil abrazos,

Si es que los quieres.

Te recuerdo la sonrisa de un hermano,

La felicidad de saberte contenta en verano,

La melancolía de saber que nada es en vano.

Te dejo mis mejores momentos,

Me llevo mis más grandes lamentos.

Tal vez camine errante durante mucho tiempo,

Y me toque pasar grandes épocas de sufrimiento,

Pero, ¿sabes qué?

Yo así, de esta manera, ya no quiero.

Yo, así, ya no te quiero.


Mi realidad.

Escrito por andatedeviaje 18-05-2018 en realidad. Comentarios (0)

Esto que aquí redacto no es más que una putrefacta, o mejor dicho, un putrefacto intento de expresión. ¿Y por qué putrefacto? Podría llegar a preguntarse quien lea estas letras. Putrefacto, porque surge y nace desde la necesidad de un sistema oprimido y opresor, que normaliza esa misma opresión. E intento, a causa de no saber si realmente lo lograré. El logro, es llegar a expresar, lo que realmente siento y me pasa diariamente. La proeza, es vislumbrar este sentir diario y poder colocarlo en pos de acción. Mi utopía, es que de esas acciones, se decante por simple reacción un cambio tangible y práctico en el desarrollo aburrido y gris que cursa una parte mayoritaria de nuestra población.

¿Medio aburrido todo esto, no? Tantas palabras raras. Siento, que hasta en esas pequeñeces nos tienen coartados como ratas de laboratorio, si. Hasta en las palabras. Y pido disculpas por tan tremenda intromisión de aburrimiento hacia el lector acostumbrado a los grandes títulos en letras rojas que acusan de algún acto llamativo y bien publicitado por la prensa amarillista. Es un desacato literario, generar un texto de este tipo, en un siglo donde las letras pasan volando entre pantallas de celulares. Hoy leía que Macri firmo un acuerdo en el que solicita al FMI una línea de apoyo financiero. Después paso un rato, y me acordé cómo amigos de la infancia ahora escuchan canciones escritas con mensajes hacia el maltrato femenino. Al ratito, empecé a leer sobre el documental realizado por Pino Solanas, en un viaje hacia los pueblos fumigados; y recordé la lucha campesina por el territorio. También recordé que en la universidad me habían dado clases sobre agrotóxicos, y yo sinceramente sentía que eso a mí no me afectaba. Me acordé de las rutas argentinas del noroeste y como el monocultivo pudo arrasar con toda la vegetación. Entre medio de todo eso, vi un informe de médicos de los pueblos fumigados, en donde mostraban y afirmaban la existencia y el aumento en la tasa de nacimientos con malformaciones congénitas a partir del inicio de cultivos transgénicos en una zona determinada. Después, me sentí un poco más seguro. Me acordé que yo no vivo cerca de una zona fumigada con agrotóxicos, y creo que nunca toque un fertilizante de Monsanto, lo único que me puso triste fue pensar que las hamburguesas veganas que con tanto amor cocine fueron rociadas previamente con litros y litros de pesticidas químicos. No me enojo mucho tampoco, los efectos de esos pesticidas no han llegado a mi cuerpo todavía, así que seguí mi día con total naturalidad. De repente me llega un mensaje al celular, es de un amigo y me descoloca de toda esta maraña de información que me llega constantemente al estar sentado por más de una o dos horas en la computadora. Me acuerdo que él no le da bola a todos estos temas, se dedica a ir a su trabajo, volver a su casa y distraerse entre medio. Yo no sé porque a mí me llegan las cuestiones del aborto, o la lucha por los derechos de los trabajadores, también desconozco el motivo exacto por el cual me puede atravesar la lucha campesina cuando yo no soy campesino. Ahí me cae una ficha, y es que de alguna manera, estamos todos en la misma. El campesino, el trabajador y el estudiante, poco se diferencian el uno del otro. Debe haber un peón que se siente un terrateniente, también seguro un estudiante que se siente ya casi rector de la institución, y como no, por ahí no muy escondido hay un trabajador que se siente el más rico del mundo porque se compro un auto cero kilometro. En ese momento me da un poquito de bronca, pensar que hay gente que no lucha por sus derechos y sin embargo les llegan. Sí, todos estamos en la misma. ¿Pero por qué yo salgo a luchar, o me quemo el bocho deteniéndome a pensar, mientras vos no haces más que pagar y comprar? Sinceramente, no lo sé.

Pasa un tiempo, serán unos minutos, voy a la cocina y me preparo una taza de café. Vuelvo a mi escritorio y en él hay un libro de Cortázar, un velador sin lámpara, y un alcohol en gel que no es mío. Recuerdo que parte de la lucha, es hacer notar a los otros en donde se encuentran parados, tarea difícil cuando ni siquiera yo sé bien donde me encuentro parado. Pero por lo menos, puedo vislumbrar la vereda desde donde dudo. Y esa es la contradicción, que si sos peón no te sientas terrateniente, e inclusive si un día llegas a serlo te pido por favor no trates a los peones como te trataron a vos. Va lo mismo con el trabajador y el estudiante, que si llegas a ser jefe o profesor, no te abuses de ese poder que se te otorgó. Ahí medio que me calmo, porque encuentro una salida a tantas cuestiones inconclusas. Y entre pito y flauta, recuerdo que todo ese tema de los agrotóxicos en realidad nos está matando lentamente. Más que no afectarme, incinera diariamente la vida y los ecosistemas que proliferan en estas tierras. Pero en este apuro de siglo veintiuno, me decido que eso no me interesa, e inclusive lo catalogo como alguna especie de estupidez comunista. Me refugio en mi celular, y prendo Instagram, seguro alguien subió una historia copada haciendo alguna idiotez. Ya cansado de tanta sarta de información incongruente e inservible, me recuesto en mi cama y cierro los ojos. Empiezo a hilar fino y me doy cuenta que se esta generando un segundo Plan Cóndor en Latino América, solo que ahora los golpes de Estado no vienen acompañados por fuerzas militares. Ahora, en este caso, se acompañan con fuerzas judiciales y falsas acusaciones repetidas hasta el hartazgo en los medios de comunicación. Veo como lo hicieron en Brasil, en Paraguay hace unos años, en Argentina hace poco, y en Chile ya hace décadas. Me decido por compartir este saber que acabo de generar, doy cuenta de la enorme sagacidad y pulcritud que he tenido al realizar un pensamiento de esta índole, me dirijo decidido hacia la computadora para compartirlo. Mi publicación en Facebook tiene dos me gusta y un me divierte, un me gusta es de mi tío que siempre le pone me gusta a todo lo que comparto, él voto a Macri. Me llega un mensaje de una chica que me gusta, y me pregunta que acabo de compartir, intento explicarle y me dice que estoy medio loquito. Se me pasa, y admito que puede ser que esté haciendo demasiados planes de conspiración, todo esto debe ser algún invento mentiroso que me llego. Voy de vuelta a la cocina y mi familia está discutiendo, ya elijo no meterme más en eso porque no me incumbe, re afirmo mi ímpetu por ir a vivir solo.

Llega la noche y después de darme una ducha no puedo evitar pensar en cuantos chicos del campo hoy tendrán que dormir con miedo a una redada policial enviada por el Estado para extirparlos de su tierra, la misma en la que ellos se han visto crecer y han sabido cultivar. También pienso cuantas personas hoy se habrán visto envueltas en cuestiones relacionadas al aborto, desde padres con temor por la salud de su hija y su nieto, hasta novios con miedo por desconocer el accionar a seguir. No puedo evitar cuestionarme si realmente los agrotóxicos son totalmente necesarios para erradicar el hambre mundial, o si simplemente son una bárbara excusa para llenar una vez más de dinero los bolsillos de las grandes corporaciones. Me decido por la segunda opción, los agrotóxicos, las semillas transgénicas y los monocultivos ya resultan haberse llevado más vidas de las que pudiesen haber salvado. Por último, antes de dormir, me acuerdo del trabajador y del estudiante. Cuantos se habrán levantado hoy temprano por la madrugada para dirigirse a sus respectivas instituciones, con cuanto estrés cargan cada uno en sus pupilas entre cerradas por el sueño matutino. Justo antes de conciliar el sueño, se me da por prender el celular e ingresar a una red social. Ahí veo, al trabajador subiendo fotos de su auto, contento por su logro. También veo al estudiante, regocijándose en cervezas y antros bailables, satisfaciendo sus instintos reprimidos.

Apago el celular, y definitivamente me doy cuenta que estoy muy entramado en pensamientos conspirativos que no vienen al caso. Ya voy acomodándome entre las sabanas, y sigo preguntándome cómo hacer para modificar o mejorar esta realidad en la que todos estamos metidos. Porque en algún momento, tampoco hable de los nenes de la ciudad, ni de los arrabales. Ya conciliando los primeros pensamientos oníricos, se me viene a la cabeza Cambalache de Discepolo, y medio que ya no se qué pensar.